Los villanos en las obras cortas de teatro

Los villanos en las obras cortas de teatro

Se dice que cada protagonista debe estar acompañado de un antagonista. En cualquier tipo de historia, se hace referencia de alguna u otra forma al “bien” y al “mal”. De hecho, estos conceptos han acompañado al ser humano desde que apareció por primera vez en el mundo.

Prueba de ello es uno de los símbolos orientales más conocidos: Obviamente estoy hablando del Ying y el Yang, emblema que simboliza estas dos fuerzas contrarias de una forma inmejorable. Ahora bien, si trasladamos esto a la cultura popular, fácilmente nos daremos cuenta de que tanto las novelas, como las obras de teatro conservan estos elementos.

Por lo general, el vestuario de un villano en una obra de teatro es de color oscuro, pues esa tonalidad también refleja la maldad. En este sentido, la iluminación también juega un papel importante, ya que ayuda a crear la atmósfera necesaria como para que la gente sienta preocupación cuando ve salir al antagonista al escenario.

Cabe resaltar que en los últimos años, la concepción del “maloso o malvado” clásico ha sido modificada radicalmente. Por ejemplo, en la actualidad es difícil ver una puesta en escena en donde se nos presente un villano cuya motivación principal sea la de “conquistar el mundo” simple y llanamente para sembrar el caos en la humanidad.

Lo que ahora se hace es una profundización en la psique del personaje, de manera que podamos entender cuáles son sus motivaciones. Es decir, cuáles han sido las razones por las que ha tomado la decisión de encaminar sus esfuerzos hacia lo negativo.

Existen obras cortas en las que los villanos son los personajes principales. Una peculiaridad de estos relatos es que al final de la historia casi siempre en público termina viendo al malvado como una persona no tan desagradable.

Finalmente los actores con mayor experiencia interpretando roles de malosos en obras cortas afirman que la mirada constituye más del 40% de su actuación.